Con la mirada perdida en el cielo, en medio de esa inmensidad, me siento como una hormiga. El viento trae aroma de azahares y una leve brisa hace bailar mi pelo. Respiro hondo y digo: se que eres capaz de arrancar el árbol mas fuerte de raíz, gracias por acariciarme
Camino descalzo por la tierra, siento su energía, entiendo que de sus minerales y nutrientes también nace la vida. Me inclino como un creyente ante su dios y digo: con un simple movimiento puedes destruir la construcción mas grande, gracias por usar esa energía para dar vida a mi jardín
Vuelvo a mirar el cielo, percibo cierta humedad en el aire y desde lo infinito caen las primeras gotas. En un acto reflejo intento levantarme pero algo me retiene, es una paz conmovedora. Un olor a tierra mojada me recuerda a mi infancia jugando en el barro y me pregunto ¿Cuando dejé de ser niño? Me quedo en mi lugar, escucho el ruido de la lluvia, la siento caer sobre mi y veo como riega de vida todo a su paso. Mis lágrimas se funden en un espectáculo tan simple como hermoso y grito a los 4 puntos cardinales: se que puedes inundar nuestras ciudades y arrasar con todo lo que conocemos, gracias por esta bendición